domingo, 6 de enero de 2008

¿Cueces o enriqueces?

Es una pregunta sencilla pero en el fondo podría no serlo tanto porque cuando hacemos algo, cualquier cosa, ¿qué nos reporta exactamente?

Nuestra vida está rodeada de actividades y cosas que no nos aportan casi nada y una vez hechas las olvidamos, no quedando apenas nada en nosotros que hayamos aprendido. Sin embargo son actividades necesarias pues a través de ellas obtenemos asueto, entretenimiento, placer y al final, ciertos conocimientos que nos serán válidos para el futuro. Es un proceso lento y farragoso pues consumimos ingentes cantidades de información innecesaria para poder obtener aquellos datos que realmente sí son necesarios. A eso es a lo que me refiero exactamente con el verbo “cocer” y es un proceso de aprendizaje que ocurre respecto de todo lo que nos rodea en general.

Ahora bien, de vez en cuando se produce un salto sustancial en ese proceso de desarrollo y a partir de una sola actividad, de un solo hecho, aprendemos mucho más de lo habitual. Nos “enriquecemos y por si fuera poco somos conscientes de ello lo que hace que nos sintamos más satisfechos. Me refiero a aquellas cosas que nos llenan, que nos emocionan, que no nos dejan indiferentes y de las que sentimos que hemos aprendido algo importante. Como es obvio no son las mismas para todos y las hay para todos los gustos. En mi caso las tres más recientes son las siguientes:


-- Cómic: “Jimmy Corrigan, the smartest kid on earth” de F. C. Ware. He descubierto esta joya gracias a los sabios consejos de mi hermana, la cual me lo recomendó encarecidamente y a la que le estaré eternamente agradecido. Si bien las primeras páginas te sumergen en un galimatías difícil de comprender con el paso de las hojas se van despejando las dudas y comienzas a disfrutar realmente con las vicisitudes y preocupaciones de su protagonista. Advertencia1: es un cómic para adultos. No salen monstruos, ni peleitas sobrenaturales, ni hombres con rayos X en los ojos. Es una historia básicamente de sentimientos encontrados, silencios, miedos personales, recuerdos ingratos e inseguridades, todo ello acompañado de un estilo preciosista que invita a observar cada viñeta con detenimiento. En mi humilde opinión una obra de arte.

Advertencia2: cuesta 30 eurazos así que no me hago responsable si a alguien se le ocurre comprarlo y no le gusta.

Apéndice: encuadernación de lujo.




-- Película: “Los Goonies” de Richard Doner. Pues sí señor. Hoy día de reyes las cabezas pensantes de la televisión han decidido poner una buena película a mediodía para variar, ¡y qué película! A todos los que somos fruto del baby-boom de la década de los 70 no se nos puede olvidar este clásico de nuestra infancia. Paradigma del cine de aventuras y con momentos graciosísimos de la mano del niño gordito. Excepcional y con un no se qué que qué se yo que me ha hecho recordar muchas cosas. Después de ver una película como ésta uno sólo puede suspirar y decir con la boca pequeña para que no nos tomen por carrozas: “ya no hacen películas como las de antes…”.


-- Suceso: el fallecimiento en octubre del locutor de radio Juan Antonio Cebrián por un ataque al corazón con tan sólo 41 años de edad. Historiador y periodista en su programa de radio junto con sus colaboradores abordaba temas paranormales, el medio ambiente, cine y noticias de actualidad. Muchas son las veces en que me he quedado escuchándolo hasta bien avanzada la madrugada y muchas las horas que he dedicado a recopilar en formato mp3 tantos archivos de audio como he podido.



Por supuesto no he hecho referencia a las malas experiencias personales, de las cuales se aprende muchísimo, pues éstas son difícilmente controlables, en la mayoría de los casos imposibles de prever y dan muy mal rollo.

En fin, que en la medida de lo posible, hay que procurar enriquecerse y no sólo cocerse a fuego lento (como hago yo). Quizás no es tan fácil localizar aquellas cosas que pueden hacernos sentir cosas especiales pero si probamos mucho de todo tendremos más posibilidades.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que todos necesitamos epocas de cocimiento sin sentido.. Cuando menos te lo esperas pasa algo y te cae el avecrem sobre la cabeza..
Sería agotador pasarnos todo el día buscando causas de enriquecimiento.
Marina

Anónimo dijo...

Oh brother!Qué razón tienes.
Divagar y perder el tiempo es tan necesario como no desaprovecharlo.Ver la vida pasar, hablar por hablar y repetir la misma conversación una y otra vez sin llegar a ninguna conclusión productiva, los silencios cómodos y los incómodos, cargados de palabras, son tan importantes como una buena charla, libro o película que abren puertas que antes ni existían en nuestras cabezas.Correr en círculo en vez de en línea recta a veces también mola.
Una vez me dijiste(hace mucho, mucho) que es importante ver todo tipo de cine para forjar un gusto, para saber lo que te gusta y lo que no con el fin de construir un criterio propio. Esto se relaciona con "no sé lo que quiero, pero sí lo que no quiero".De todo se aprende si uno se pone.
Me encanta que te encante Jimmy Corrigan.Es otra forma de entender el cómic, y yo también vi Los Goonies. Me recordó a patadas en la espinilla, a New Kids on the block, a la Superpop y a un Spectrum conectado a una grabadora.Y eso que no era mi generación.
Ya sabes que el esquema de Laswell (emisor-mensaje-receptor)no es de mi agrado, que prefiero la comunicación face to face, con sus silencios, sus pausas, sus miradas y sus gestos contenidos, pero me dejo caer para recalcar mi fanatismo por tu blog y por tu persona.Good day and good luck, (y parece que la cosa va de George Clooney).Un beso grande que no cabe en la web.

BIP dijo...

Al primer comentario digo: efectivamente, no puedo estar más de acuerdo contigo y tienes toda la razón. Una búsqueda constante de enriquecimiento no sólo sería agotador sino que haría de nosotros unos desgraciados. Alteraría nuestro sistema de valores y nos crearía una sensación de eterna insatisfacción tal que difícilmente llegaríamos a sentirnos conformes con algo. Siempre valorando si merece la pena o no todo aquello que hacemos. Y eso por no mencionar la cantidad de experiencias enriquecedoras que nos perderíamos por un prejuicio erróneo. Como yo lo veo quizás una forma de comportarnos y conseguir no consumirnos podría ser la siguiente: primero probar mucho de todo pues así el rango se amplía y las posibilidades de acertar también evitando al mismo tiempo la monotonía y el conformismo, y segundo aceptar con resignación cuando las cosas salen mal y se rompen nuestras expectativas. No todo en la vida va a resultar como esperamos que lo haga, es una cuestión de simple probabilidad. Lo que se espera que salga bien generalmente sale bien y lo que se imagina que terminará mal generalmente termina mal. Ahora bien, los verdaderos disgustos vienen con los resultados negativos inesperados y ahí es donde deberíamos esforzarnos por aprender a aceptarlos como una parte inherente a nuestra propia existencia y una lección para el futuro. En definitiva, intentar verle el lado bueno a todo aquello que parece no tenerlo. Si todo saliese como a nosotros nos gustaría… en fin, imagínate lo diferentes que serían las cosas.
Y en cuanto a mi queridísima hermana digo: valoradas en mucho son tus apreciaciones aunque no por ello deje de considerar excesivos e inmerecidos los elogios. Tienes buena memoria respecto a hechos pretéritos pero aqueja de un defecto que sólo les ocurre a las buenas personas: los gratos recuerdos y consejos priman sobre los malos, de los cuales tengo la completa seguridad de que también los hubo. Afortunadamente tú eres así y yo me congratulo enormemente por ello. Otro beso enorme para ti!