Una vez más veo las noticias y siento verguenza ajena y propia en lo que me toca. Ayer en Madrid se hizo una concentración para homenajear al Guardia Civil asesinado en Francia por ETA y lo más destacado de dicho acto resulta ser que varias personas, ignorando los dos minutos de silencio, insultan e increpan al concejal socialista Pedro Zerolo por su condición sexual. Muy bonito. ¿No sabían a lo que iban?, ¿Salen de casa para eso? o lo que es más preocupante, ¿tan insoportable es para estas personas la condición sexual de otros que prima sobre el derecho a la vida, sobre el respeto a la familia y allegados de dos personas que han sufrido un atentado terrorista? Con esas actitudes nos insultan a todos y se hace patente una falta absoluta de humanidad.
Los atentados terroristas los sufre la sociedad en su conjunto pero en ningún caso se pueden comparar nuestros sentimientos con los de los familiares y amigos. Existe por este motivo una obligación moral por nuestra parte de respetar cuidadosamente los sentimientos de quienes en ese momento padecen de la peor forma posible las consecuencias de un atentado. A quienes acuden a los actos contra el terrorismo no se les pide nada extraordinario ni grandes sacrificios, simplemente estar, silencio en el momento oportuno y apoyo después a una causa que la mayoría de nosotros compartimos. No creo que sea mucho pedir, la verdad.
Los atentados terroristas los sufre la sociedad en su conjunto pero en ningún caso se pueden comparar nuestros sentimientos con los de los familiares y amigos. Existe por este motivo una obligación moral por nuestra parte de respetar cuidadosamente los sentimientos de quienes en ese momento padecen de la peor forma posible las consecuencias de un atentado. A quienes acuden a los actos contra el terrorismo no se les pide nada extraordinario ni grandes sacrificios, simplemente estar, silencio en el momento oportuno y apoyo después a una causa que la mayoría de nosotros compartimos. No creo que sea mucho pedir, la verdad.
2 comentarios:
Aunque Zerolo lleve esos pelos y le pueda caer a uno mal, bien o regular, no tiene porque aguantar insultos ni por su condición sexual ni por ninguna otra cosa. Para insultar lo mejor a veces es mirarse al espejo
No puedo estar más de acuerdo y la terapia del espejo nos vendría más que bien a la mayoría de nosotros. La cosa no obstante se complica cuando el examen de conciencia da negativo sólo a unos pocos. ¿Qué pasa con el resto? Seguramente muchas personas se analizan así mismos y concluyen que se gustan mucho, lo que les confiere (según ellos) ciertos derechos y atribuciones que el resto no tenemos. Pueden juzgar, criticar e insultar todo aquello que no les gusta porque lo hacen en pro de una decencia de la que se suponen son abanderados o lo que es peor, de una forma de ser que les hace sentir orgullosos. No parece que el tema tenga fácil solución pero a mí, personalmente, cada vez que lo veo me irrita más.
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